Una de las cosas que primero nos dicen los clientes cuando vienen a pedir que les hagamos su nueva web es “yo quiero que mi página aparezca la primera en google”. Y si se trata de una campaña, lo que te dicen es “quiero que sea una campaña viral”. A veces es difícil explicarle que el posicionamiento en buscadores depende de un conjunto complejo de variables que no solo tienen que ver con la calidad de la página en el momento de su construcción. O si quiera hacerle entender que la calidad de una página, como en todos los productos de este mundo, también está condicionada por mil pequeños factores. Que para que una campaña sea viral lo normal es que el anunciante tenga que asumir ciertos riesgos. Que para que una página sea la primera en google va a tener que trabajar en múltiples frentes… Bueno, para eso estamos, para intentar guiarle por el mejor camino para que consiga sus objetivos.
Estaba pensando en esto anoche, antes de dormirme, y me acordé de dos campañas de publicidad que entran en mi categoría de “publicidad genial”, de esos anuncios históricos que no pasan desapercibidos. Me imaginé en estos dos casos concretos a los publicistas ideando las campañas y aprobando las ideas disparatadas que fueron el germen de lo que luego vimos en televisión… y sentí una profunda admiración por los publicistas y por los clientes que las impulsaron. Inteligentes, brillantes y, sobre todo, valientes.
La primera es la campaña del año 2007 del Megane GT… Durante meses estuve con la cancioncilla en la cabeza “Richard Clayderman en su piano sin control… y una maratóonnn”. De hecho, para localizar la campaña en Youtube se pueden usar esos términos de búsqueda
Alucino.
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La segunda es la la campaña de Mixta, la del cerdo volador. Y todas las siguientes que siguieron tras iniciar esa línea de comunicación. De todas, mis favoritas son las de los gatos chinos, con sus secuelas y versiones.
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El uso del humor en publicidad es algo bastante delicado, aunque muy común, pues, como dice el profesor Norberto Álvarez, “baja los niveles de racionalidad durante su percepción”. Sin embargo, también hay una frágil barrera con la falta absoluta de gracia, incluso con la ridiculización de la marca. Porque es difícil que uno se “ría” de su propia marca. Y más con un humor del tipo de estos dos spots. Ese humor absurdo.
Por eso me gustan estas dos campañas. Por ello y por varias razones más. En el caso de la primera, por su clara comunicación del beneficio del producto. En el segundo, por haber creado y mantenido durante años esta personalidad de marca, y por haberlo hecho de manera fresca y renovada cada vez.
Seguro que hay muchos más ejemplos, quizás mejores, quizás algunos pueden mostrar rotundos fracasos de la osadía. Pero anoche me acordé de estas dos y su valentía me inspiró un profundo respeto.