En memoria de la inocencia perdida ayer por @jonascandalija y @lidiaucher
Desde hace unos meses los ciudadanos y ciudadanas están en la calle, protestando, manifestándose, haciéndose oir en lo que no les gusta, apoyando todo aquello que creen que es justo. El 15M inició una “moda” que parece que se está convirtiendo en tendencia y que encuentro francamente saludable: la de movilizarse contra lo que crees que no está bien. Y hoy en día son muchas las cosas que no están bien.
Mientras muchos desde medios de comunicación, o desde otros rincones de los múltiples que tiene la propia ciudadanía, están en contra y arrementen contra lo que no entienden o amenaza sus intereses, yo solo espero que esta “moda” se convierta en costumbre.
Muchos en mi entorno dicen que lo de la manifestación laica de ayer, haciéndola coincidir que la JMJ, fue “solo ganas de provocar, de no estar en paz”. No, señores y señoras, la manifestación de ayer y las anteriores son ganas de expresarse, son ganas de replicar ante ideologías, políticas, leyes o lo que sea. Son ganas de evidenciar formas de pensar y de intentar cambiar lo que no nos gusta. Puedes no coincidir con ellos, pero esto no puede ser malo. Porque si hay un argumento a favor de la visita del papa, un interés espiritual o económico (leáse, los comerciantes, por ejemplo), siempre va a existir también otro en contra, de lo que éste representa, de su ideología o del gasto que supone la visita. Y así va a ser toda la vida. Lo bueno es que ahora tanto unos como otros quieren hacerse oir y sienten su derecho a expresarlo.
Lamentablemente, es demasiado frecuente que cuando se junta tanta gente, sobre todo si hay ideologías encontradas, también aparece lo malo. Y eso “malo” es lo que hay que aprender a controlar. “Lo malo” es la intolerancia, la falta de respeto al otro, la respuesta violenta de algunos, del “bando”o del color que sea. Y luego, además de “lo malo”, está “lo peor”. Y para mí, sin duda, “lo peor” de muchas de las concentraciones desde el 15M y sobre todo de la de ayer-17A – es la actuación de la policía: porque me tocó en lo más hondo, en la gente a la que conozco y en la que confío, con la que he trabajado, a la que respeto y admiro. No me atrevo a hacer referencia a “toda la policía”, pero sí a una actitud generalizada en los cuerpos de “seguridad” del Estado. Leed estos dos testimonios, de dos grandes personas, de dos grandes amigos, de dos grandes profesionales de cómo ayer, la policía no solo no garantizó sus seguridad, sino que vulneró sus derechos… No diré más, porque ya lo han expresado muy claramente dos de sus protagonistas. Estoy llena de rabia:
El lado oscuro de la ley
Los palos gratis de la poli