La eficacia en las campañas de sensibilización de ONG

Acabo de ver la nueva campaña de la FAD, esta vez centrada en “sensibilizar sobre cómo el consumo de alcohol en los casos en los que, aún sin haber caído en situaciones de dependencia o conflicto extremo, puede llegar a interferir en las relaciones personales”. Siempre me han gustado las campañas de la FAD, suelen ser vistosas y se aprecia una buena concreción de los objetivos de comunicación dirigidos a públicos específicos. El mérito puede provenir en buena medida de la inestimable ayuda que tienen en sus campañas  (las agencias de publicidad, a la Asociación Española de Agencias de Publicidad y los medios de comunicación colaboran en la elaboración y difusión gratuitas). Pero, sin duda, son “un buen cliente”. Se dejan asesorar, arriesgan, buscan adaptarse a cada público concreto…

Y, sin embargo, al ver la última campaña no he podido evitar volver a preguntarme si tanto esfuerzo puede tener los efectos deseados. Por descontado, es muy difícil, aunque siempre hay vías,  medir de manera efectiva los resultados de este tipo de campañas, más centradas en el cambio de actitud que en la conducta a corto plazo. Más difícil aún es medir la eficacia cuando se utilizan medios como la televisión y cuando, como es el caso, ni la agencia ni el anunciante tienen el control sobre el plan de medios (para facilitar la segmentación, la frecuencia, la intensidad en la emisión…).

Y, además, hoy en día… tan saturados como estamos todos de información. Y, añado, ¿puede la publicidad en televisión seguir siendo un medio efectivo de sensibilización frente a los nuevos medios, con mayor capacidad de interacción, información, difusión, viralidad?

Me parece que la cuestión es que la efectividad de una campaña de este tipo no puede medirse por los indicadores o criterios tradicionales. Ni en los efectos de la comunicación (exposición, atención, comprensión, recuerdo… del mensaje) ni en los persuasivos (cuánta gente del público ha iniciado efectivamente un cambio de actitud). Hace ya más de 7 años, cuando el contexto de medios en España aún era otro, en la Fundación Secretariado Gitano lanzamos la campaña Conócelos antes de juzgarlos. Igual que en las campañas de la FAD, contamos con la inestimable colaboración de la agencia, el director de cine Benito Zambrano, actores… y muchas otras personas y organizaciones que permitieron poner en marcha una campaña en medios de comunicación sin apenas recursos. Cuando valoramos los resultados, estuvimos de acuerdo en que uno de los mayores logros había sido el poner en la agenda de los medios la cuestión de  las actitudes discriminatorias hacia los gitanos. Es decir, el anuncio en sí tuvo muy pocos “impactos publicitarios”. Apenas se emitieron pases. Pero se produjeron numerosas reacciones de los medios de comunicación, se realizaron entrevistas, se dedicaron espacios en informativos y páginas de prensa escrita a cuestionar una de las formas más extendidas – y socialmente aceptada – de rechazo: las actitudes negativas hacia gitanos. Las investigaciones nos decían que la comunidad gitana española había cambiado mucho en las últimas décadas, pero que las percepciones sociales sobre ella no lo habían hecho. Por primera vez conseguimos que el debate, aunque fuera por unos meses, estuviera presente a gran escala. Difícil de estimar desde el punto de vista cuantitativo. Fácilmente reconocible desde el cualitativo.

Para poder cambiar el mundo, es necesario remover conciencias y la mejor manera para ello puede ser generar debate y reflexión en torno a una cuestión. Por ello, más que el impacto de las piezas publicitarias concretas, el éxito de las campañas está en la capacidad para atraer a líderes de opinión y mediáticos hacia el tema. Quizás esa sea la máxima función, la máxima ventaja, de campañas tan llamativas como las de la FAD: que se hable de ellas y, en consecuencia, del tema que tratan. Aunque sea difícil de medir. Aunque incluso desde muchas otras entidades se cuestione la “grandiosidad” del formato publicitario para este tipo de organizaciones.

El color de la piel desde los ojos de un niño

Mi sobrino es mulato, negros su tres hermanos y su madre. Muchas veces, sin darle demasiada importancia, nos ha pasado por la cabeza la idea de que quizás algo estábamos haciendo mal, ya que nos parecía que el niño manifestaba ciertas actitudes racistas. Él NO ES NEGRO, te lo dice a menudo. Con enfado y algo de rabia: YO-NO-SOY-NEGRO. Intentamos ignorar estas manifestaciones en la medida de lo posible. A veces solo le decimos que se parece mucho a su hermano mayor y que esto es algo muy bueno porque su hermano es un niño guapísimo… Otras veces, nos callamos y lo ignoramos directamente, no sabiendo muy bien de dónde puede haber sacado esta forma de afirmación y qué hacer con ella, ya que nos parece que insistir demasiado puede ser contraproducente. Preferimos tratar las diferencias de color de piel como lo que son: algo natural y sin importancia.

Pero recientemente hemos descubierto que en la pequeña cabecita de Roberto todo es mucho más sencillo de lo que nos estaba pareciendo apreciar. El niño va a tener un primo, y cuando se enteró nos sorprendió con la pregunta:

  • “¿Mi primo va a ser negro?”

Nos miramos.

  • “A lo mejor”, contestó mi madre.
  • “Yo no quiero que sea negro”.
  • ¿Y qué más da? A ver, ¿de qué color te gustaría que fuera?

Roberto lo pensó unos segundos y después, sonriendo no sabemos si con algo de guasa o con felicidad ante la idea de que realmente pudiera elegir, contestó:

  • NARANJA

Fue un gran momento. El naranja, obviamente, es su color favorito. Puede que Roberto realmente pensara que puede haber niños naranjas. Puede que simplemente nos estuviera gastando una broma. Sea como fuere, me enseñó algo: que, para gustos, los colores. Que para él no se trata de que no le gusten los negros, sino que no le gusta el color negro. Quizás tampoco le guste el blanco. A él le gusta el naranja y, si realmente pudiera, quizás nos pintaría de naranja a toda la familia porque, sin duda, es un color mucho más divertido y alegre, sobre todo para un niño. A sus ojos, el color de la piel es realmente algo tan trivial como el color de la ropa o de las zapatillas o la elección de la ficha del parchís.

Me acordé de ese gran slogan de la publicidad histórica de Danone: “Aprende de tus hijos”. Por eso no he usado perífrasis ni formas más “correctas” de referirme a los miembros de mi familia, negros o blancos, solo los colores que “llevan encima”.

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En estos tiempos de crisis los valores sociales y solidarios se ponen en entredicho. Se me pone la carne de gallina al pensar que muchos están dispuestos a renunciar a ciertos derechos civiles y a la lucha por los derechos humanos con la excusa de que cualquier recorte está justificado por la necesidad de salir de esta aplastante crisis económica. Que eso de la solidaridad y los derechos civiles está muy bien para tiempos de bonanza, pero que cuando no hay, pues no hay, y lo primero es salir de esta situación y después ya pensaremos en cosas como la gente que pasa hambre, la que no tiene hogar, la que no puede ejercer los mismos derechos que los demás por su origen social, étnico o nacional… o por su orientación sexual o religiosa. Y se nos olvida que precisamente lo que tenemos que tratar de salvaguardar es el sistema de bienestar y protección, que el proteger a los más vulnerables debería ser la principal prioridad en tiempos de crisis…

En fin, que dicho esto, sigo atenta a lo que hacen las personas y organizaciones que no cesan en su lucha, que incluso la tienen que intensificar con menos medios, y últimamente he visto varias campañas geniales con las que comulgo y que, con un pequeño granito de arena, quiero ayudar a difundir.

1. La primera es de la organización Acción contra el Hambre. Con un mensaje sencillo que nos invita a la reflexión y me recuerda a aquella de hace tantos años de Danone “Aprende de tus hijos”. Porque, sea o no sea un valor innato y universal, enseñamos a nuestros hijos a compartir lo que tienen. Pues eso, aprende de lo que enseñas.

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2. La segunda es “La lotería de la vida” de Save the children. Con un juego creativo y un diseño muy atractivos, me ha hecho recordar algo que mi padre siempre me decía de niña: que cuando viera las cosas un poco negras, recodara que solo por nacer donde lo hice ya me puedo considerar afortunada. Hoy lo veo de otra forma, más como trata de hacernos ver la campaña, como que es una gran injusticia el que existan tantas diferencias entre lo que una persona puede ser, hacer o incluso sentir solo por su lugar de nacimiento…

 

 

 

 

 

 

 

 

3. La siguiente es esta campaña de Ongawa (antes Ingenieros sin fronteras), una acción de sensibilización en la calle, para recordarnos que el 40% de la población mundial carece de acceso a inodoros y a sistemas básicos de saneamiento. Me gusta porque, aparte de llamativa y diferencial, llama la atención sobre algo básico que jamás me había llegado a plantear: que el problema de los saneamientos es un problema ambiental y humano muy grave…

¿Qué os parecen?