¿Quién te ha dicho eso?

A menudo mantengo con mi familia política interesantes y acalorados debates de sobremesa. La discusión de ayer fue sobre la educación de los hijos. Resumiendo, la cuestión era que el instituto de mi sobrino de 12 años le cuesta a la familia 400 euros mensuales y, junto a otros argumentos sobre la calidad de la enseñanza, apareció el del origen étnico o racial de los estudiantes. Algo así como que en muchos colegios públicos hay demasiados hijos de inmigrantes (y gitanos) cuyo nivel educativo y cuyas culturas retrasan el avance educativo de nuestros hijos. Mi postura fue la de que todo depende de qué consideremos educación. Dejando de lado otros argumentos sobre curriculum educativo que desconozco, no veo si no ventajas sobre la educación de una persona el que tenga diversos modelos de referencia, pueda  conocer diversas culturas y distintas situaciones vitales. Lo que más me ha hecho reflexionar de esta conversación, sin embargo, fue algo que mi cuñado dijo después: me dijo que, claro, que si yo pienso de una manera y él de otra es porque mi experiencia de vida ha sido diferente a la suya. Lo que yo he visto y vivido, lo que he aprendido de ello, es distinto de aquello que él ha experimentado.

No es que esta frase sea transcendental, no es que sea una idea nueva u original. Simplemente que mi cabeza hizo “clic” y otras ideas y argumentos que aún no tenía maduros por fin encajaron y tomaron forma.  Y si esto sucedió ayer fue precisamente porque otros dos nuevos “inputs” habían entrado en mi cerebro recientemente.

Gracias al estupendo blog CiComunica pude escuchar este discurso/poema de la poetisa palestina Rafeef Ziadah. Quedé muy impresionada por este video y de las muchas lecturas y mensajes que puede tener, la que más vueltas dio a mi cabeza era de índole profesional.  Ziadah tiene razón, simplificamos al contar las historias, nos quedamos en lo llamativo, buscamos la historia humana extraordinaria, disfrazamos realidades bajo el dato y la visión que ofrecemos, por tanto, no puede sino ser parcial, ser una mutilación de la verdad. Pero ¿tiene fácil remedio? Si lo que nos importa es contar historias, interesar a la gente, llamar la atención sobre realidades: lo humano vende, el dato engancha. Estamos prisioneros en los medios y en los formatos. En los modelos de difusión y consumo de la información. Escribimos titulares buscando el “clic”, porque si no nuestros contenidos no se leerán. Contamos las historias más llamativas. Porque si no la gente no le prestará atención.

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Como digo, estas reflexiones estaban ocupando mi pensamiento cuando decidí volver a ver el video y leer el artículo en que lo encontré. Entonces, seguí la pista de otro caso referenciado en el post, el de la novelista nigeriana Adichie Chimamanda y su Ted talk sobre “el peligro de una sola historia”.  La muy recomendable ponencia de Adichie es una magnífica explicación de cómo la mayoría de las personas vemos el mundo y por qué: muestra a las personas como una única cosa (por ejemplo, como “pobres”) una y otra vez, y eso es en lo que se convertirán para nosotros. Eso es lo que nos sucede con la mayoría de los países del mundo, que oímos solo una parte de su historia y una sola forma de contarla. No es que estas historias sean falsas. Es que no están completas. Mientras que, por ejemplo, vemos películas estadounidenses, leemos sus libros, consumimos sus series de televisión, leemos o vemos sus noticias… no sucede lo mismo con los productos culturales o las “historias” de otras partes del mundo, que solo aparecen en las noticias asociadas a conflictos o catástrofes, que son los malos o las víctimas en la mayoría de películas…

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Las tres piezas de este post (la frase de mi cuñado, el video de  Rafeef Ziadah y la Ted talk de Adichie Chimamanda) no han aportado de golpe ninguna idea esencialmente nueva a mi forma de ver las cosas. Tampoco un conocimiento profundo sobre nada. Lo que han provocado es muchas ganas de volver a plantearme mi visión de las cosas desde cero. Buscar en lo más profundo de mi hasta el más recóndito origen de cada uno de los prejuicios y estereotipos que me acompañan en mi funcionamiento diario. ¿Dónde lo oí? ¿dónde lo viví? ¿quién me lo ha contado? ¿por qué lo pienso?

Y en la nueva construcción de mi visión del mundo trataré de buscar gente que me cuente las historias de manera diferente, aunque sean las mismas historias. Aunque es difícil. No sé por dónde empezar. ¿Qué fuentes puedo usar? ¿Cómo “confiar” en ellas? ¿Estaré demasiado atrapada en mi modelo de consumo de información?

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2 Comentarios.

  1. Buenísimo! La TED no la conocía y es maravillosa! Gracias!!!

  2. Me alegro de que te guste, Alicia, A mi me ha hecho pensar mucho, ya ves.

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