Unos 20 días tiene ya el artículo de la polémica, y en el transcurso de los mismos me he encontrado con tantos defensores entusiasmados por la brillantez de la pluma de su autor, como detractores indignados por la irreverencia de la misma.
Ya sabéis que soy oenegera convencida, pero también crítica con el modelo de solidaridad que promueven (listo para consumir). Así que he tratado de escuchar a unos y otros, de analizar lo que Sánchez -Dragó afirma en este texto, desde que alguien me recomendó leerlo bien antes de rechazar sus afirmaciones o, simplemente, de odiarlo como fue mi primer impulso provocado por su estilo insolente y provocador.
Al final no he encontrado más que un absoluto desprecio hacia la labor de las ONG y de los cooperantes voluntarios, una simplificación de sus motivaciones y una gran falta de sensibilidad. Así que, veamos, punto por punto, insulto por insulto, lo que el escritor, viajero y periodista (como se dice en su columna) escribe en su artículo Gorrones sin fronteras acerca de los tres cooperantes secuestrados en Mauritania:
- Pijos, porque basta verlos, saber quiénes son sus papis y pasar lista a los enchufes de los que viven. Pues vale, serán pijos. Por mí como si son hippies. ¿Qué tendrá que ver con el tema en cuestión? ¿o es solo un intento de insulto gratuito traído por la única razón de que estas personas no despiertan sus simpatías?
- Caraduras, porque jeta de granito hay que tener para asegurar que es la misericordia -solidaridad, la llaman. Jerga progre- lo que los mueve. ¡Oh, cuánto sacrificio! ¡Qué entereza de ánimo la que los lleva a arrostrar las penalidades del turismo de aventura! Pues a mí me parece que sí hay que tener entereza de ánimo para elegir pasar tu tiempo en un camión que circula por pueblecitos africanos, viendo miseria y peligro, en lugar de un resort en algún destino exótico. Especialmente si, como dice Dragó, eres un pijo y puedes permitirte ciertos lujos. ¿y qué es entonces la solidaridad? Si no le parecen bien las ONG y no le parece bien el apoyo del gobierno a las ONG y no le parecen bien las personas que apoyan de forma voluntaria a las ONG (ni siquiera cuando ponen su vida en peligro para ello), ¿dejamos la solidaridad solo para esas instituciones solventes de cuya existencia también duda? Triste mundo, entonces.
- Gilipollas, porque lo es en grado sumo todo el que piense que con unos cuantos camiones cargados de alubias, chocolatinas y preservativos va a sacar de apuros a millones de personas gobernadas por sinvergüenzas. Son éstos quienes se quedan con el cepillo. No conozco a ninguna ONG, ni grande ni pequeña, que se crea que con la pequeña medida de sus acciones vayan a sacar de apuros a millones de personas. Más bien al contrario. Para ellos cada persona a la que se puede ayudar es un pequeño triunfo, y a la vez un fracaso por no tener fuerzas para llegar más allá. Por lo tanto… Gilipollas será el que se crea que las ONG o los cooperantes son tan gilipollas como para creer que con una caravana solidaria salvan el mundo.
- Y aunque así no fuese, ¿no sería más lógico cargar la ayuda en un mercante y entregarla en los puertos de destino a cualquier institución solvente (si existiera, lo que es dudoso) o depositarla en las huchas del Domund? Tres cuartas partes, como mínimo, del dinero recaudado por las oenegés laicas van a parar al pozo de los gastos de gestión y al sumidero de la corrupción. Añadan a eso los del viajecito de treinta y tantas personas -¡treinta y tantas!- enviadas desde Cataluña, a todo tren, a tan lejanos parajes y echen cuentas. ¿Es que no hay aquí pobres sin intermediarios a la vuelta de cualquier esquina? Y si el donante los prefiere de raza negra o circuncisos y con chilaba por mor del exotismo, no han de faltarle. Por supuesto que ser solidario con África desde Cataluña es mucho más caro, en costes de gestión (aunque me encantaría saber de dónde ha sacado el dato sobre los gastos…), que serlo con el barrio de Raval. Por supuesto también que a la vuelta de cada esquina hay personas que necesitan ayuda. ¿Quiere decir eso que la cooperación internacional, la cooperación al desarrollo son un lujo mientras en nuestro país existan personas que pasan hambre, duermen en la calle o sufren la pobreza o la exclusión social? Espero que no muchos piensen como Sánchez Dragó. Si solo es buena la “solidaridad que no necesita intermediarios”, ¿quién será solidario con África? Ah, no, que la solidaridad no existe!
- En cuanto a lo de gorrones Yo también me pongo a veces ridículos chalecos de coronel Tapioca, pero los pago de mi bolsillo. Parece sentarle muy mal a este señor que a los cooperantes voluntarios se les pague el viaje (sobre todo con fondos, en gran medida, de origen público). A todo tren, dice en el párrafo de más arriba… Un gorrón es una persona que se aprovecha de los demás, que vive bien a costa ajena, ¿no? Me parece bastante distorsionador de la realidad pensar que lo que ha motivado a estas personas a recorrer miles de kilómetros, ver y pasar penalidades y poner sus vidas en peligro (como se ha demostrado) es su deseo de viajar gratis…
En fin, yo no tengo ni su cultura, ni su prosa deslumbrante, ni su inteligencia… Me gustaría que, puesto que desconfía tanto de la labor de las ONG, nos diga cómo aquellos que lo deseen pueden ayudar a personas que están lejos sin merecer sus insultos.
La imagen ha sido tomada de la página web de Acció Solidaria
