Ayer, en el descanso de un curso, todo el grupo fuimos a tomar un café. En la cafetería, una mujer se nos acercó pidiendo una ayuda económica. No le hicimos mucho caso, apenas la miramos, pero como vio que yo me quedé dudando, me pidió que la invitara a un café. Acepté, nos dirigimos a la barra. “Un descafeinado”, dijo. “Y algo de comer, por favor, me duele el estómago…”, añadió mientras se llevaba la mano al vientre.

Mientras esperábamos a ser servidas, ella me sonrió y me dijo que me iba a leer la buena ventura, que tengo cara de buena persona, que me iba a alegrar de haberme encontrado con ella… Le dije que no quería que lo hiciera, que me estaban esperando en mi grupo que…
Cuando le sirvieron su desayuno me quedé a su lado, aunque se apostó en la barra dándome la espalda. Me apetecía seguir hablando con ella, no simplemente pagarle el café y darme la vuelta. Me parecía incluso grosero hacerlo.
Cuando terminó, me insistió en salir fuera y “leer mi mano derecha”. También yo le insistí en que no quería, que no era necesario, que en verdad me alegraba haberla encontrado aquella mañana y que tenía que volver dentro. Cogió mi mano y de nuevo me pareció grosero no dejarla hacer… Durante cinco minutos me recitó un verso aprendido sobre el mal de ojo, la felicidad, el futuro y demás, mientras yo pensaba “La leche, qué memoria tiene esta mujer para aprenderse todo esto, aunque de interpretación deja bastante que desear”. Ni siquiera miraba mi mano.
Por supuesto, cuando terminó me pidió 10 euros lo cual, aunque ahora que lo cuento me parece de lo más normal, en ese momento tengo que reconocer que me sorprendió. Le dije que no. Insistió. Yo también insistí. Ella insistió más aún durante unos momentos y, cuando vio que mi decisión era firme y que no iba a sacar nada más de mi, se dio la vuelta y se marchó con cara malhumorada, sin dar las gracias por el desayuno y sin decir adios.
Cuando haces algo por alguien no deberías esperar nada a cambio, pero la verdad es que no funciona así. La verdad es que si no recibes si quiera un “gracias y buenos días”, la sensación que te queda es la de que en realidad no has ayudado a nadie, sino que has hecho una completa tontería. Por eso en este caso le estoy dando muchas vueltas a lo que pasó ayer por la mañana con esta mujer y estoy intentando aprender algo de ello, aunque sea para la aplicación práctica en el ámbito profesional. Porque esta mujer, desde luego, como “captadora de fondos de particulares”, hizo algunas cosas bien:
- Supo reconocer en mi mirada que, posiblemente, de todo el grupo, yo era la que en ese momento estaba dispuesta a ayudarla. Moraleja: Concéntrate en las personas cuya atención ya has logrado captar.
- También supo que iba a ser difícil que le diera dinero de primeras. Así que hizo algo inteligente: pedirme un café en una cafetería. Moraleja: el contexto forma una parte importante en la experiencia de captación de fondos.
- Cuando ya tenía el “sí” al café, pidió un poco más, nada descabellado, algo coherente. Moraleja: Posiblemente, si empiezas pidiendo un pequeño esfuerzo, muchas personas estarán dispuestas a llegar un poco más allá.
Y, por supuesto, otras cosas las hizo mal:
- Insistió en “ofrecerme” algo que yo le había dicho que no quería (leerme la mano)
- Y, además, lo hizo de forma poco clara, con ambigüedad sobre si lo hacía como agradecimiento por el desayuno o para conseguir algo más.
- No personalizó en nada su mensaje en su “lectura” de mi mano. Creo que en este punto aún hubiera estado en condiciones de convencerme para darle dinero si al menos hubiera notado un interés, no sé, o si se hubiese molestado en fingir estar “leyendo” realmente mi futuro.
- Cambió su actitud radicalmente cuando me negué a darle los diez euros.
- Y se marchó no ya sin mostrar agradecimiento, sino de forma maleducada.
Creo que todos estos pequeños detalles pueden ser tenidos en cuenta por las ONG en sus políticas de captación de fondos ya que no hay que olvidar que, aunque para nosotros se trate de campañas dirigidas a muchas personas, para cada donante se trata de una experiencia particular y personal. Pensará en ella, tendrá sensaciones, sentimientos y experiencias relacionadas con lo que nosotros le hagamos sentir antes, durante y después de su donación.