Archivos de Tags: comunicación

¿Cuánta comunicación puede gestionar una persona en su vida diaria?

Estoy cansada. Abrumada. Saturada de información. Cifras, consejos, listados. Tuits, Retweets, meneos, enlaces entrantes, comentarios, mensajes directos.

Estoy sobrepasada. Clientes, proveedores, empleados, alumnos, profesores. Familia, amigos, conocidos. Fans, seguidores, seguidos.

¿Cuánta comunicación puede gestionar una persona en su vida diaria? ¿Cuántos miles de pequeñas decisiones hacen falta para llegar al límite de la capacidad humana?

Mi vida social ya era bastante rica y compleja antes de estar en redes sociales. Y cuando entré en las redes, ya empezaba a ser demasiado intensa. Después, monté una empresa de comunicación. Y todo se multiplicó por 1.000.

Gestionar tu comunicación personal, la de tu empresa y una parte de la de tus clientes tiene sus pros y sus contras. Por una parte, te enriquece, te enseña, te fuerza a innovar, a ilusionarte fuera del límite de tu propio mundo.

Por otra parte, te fragmenta, te obsesiona, te diluye. Tienes que adoptar múltiples personalidades para tomar decisiones, utilizar tonos y estilos, crear contenidos… que son tuyos pero que no tienen que parecerlo. Tienes que medir resultados, capear las críticas y aprender de ellas, aceptar elogios que no son para ti. Y justificarte, todo el tiempo.

Tal vez mi situación sea un poco más complicada que la de otros, aunque también muy similar a la de muchos, por esto de la “personalidad múltiple”. Pero, en mayor o menor medida, nos afecta a todos. Por ejemplo, a todos los que “siguen” en Twitter a más de 200 personas. Y tienen un perfil de Facebook. Y además utilizan lectores de RSS para seguir sus blogs favoritos. Y además leen la prensa. Y además…¿Cuántos mensajes reciben al día? ¿Cuánta información son capaces de asimilar? ¿Cómo funciona? Es decir, ¿qué tipo de percepción selectiva estamos desarrollando para que nos ayude a gestionar todo este cúmulo? Por ejemplo, yo me he dado cuenta de que en mi perfil personal, en Twitter, no le presto la menor atención cuando aparecen más de 3 tweets seguidos de la misma persona. Mi cerebro recorre de pasada el último de ellos y los demás los salta automáticamente.

Y vuelvo a la misma pregunta del principio ¿Cuánta comunicación puede gestionar una persona en su vida diaria? ¿Cuándo llegaremos al límite? ¿Cómo resolverán las grandes empresas este límite? El sistema de listas te ayuda a filtrar la información que recibes. Pronto, por lo menos en mi caso, dejará de ser suficiente. Y otra pregunta ¿cómo nos va a afectar a nivel cognitivo? Seguro que ya existe algún estudio al respecto, aunque a mi me parece demasiado pronto para afirmar nada.

En mi caso, lo que ya estoy notando es fatiga. Estoy cansada…

In-comunicados

Un nuevo post de una de mis más queridas estrellas invitadas…

086

El otro día participé en una jornada sobre inclusión social en Galicia. A este encuentro asistieron algunas personas que forman parte de los equipos de inclusión sociolaboral de la Xunta de Galicia. Nada más llegar ya se respiraba conflicto entre estos trabajadores y el gobierno autonómico, que también participaba en esta jornada, ya que –al parecer – la Consejera de Trabajo y Bienestar Social los calificó hace unas semanas de “enchufados”.

El acto inaugural transcurría con toda normalidad hasta que le tocó a la Secretaría Xeral de la Consejería. Mientas que intervenían, los trabajadores se levantaron (sin mucho ruido y de forma muy respetuosa) y mostraron sus pancartas de protesta para comunicar su desacuerdo con la situación.

Mientras, incómoda e impasible, la Secretaría Xeral continuaba con su discurso tan bien construido, tan preparado, tan impersonal… Yo intentaba con todas mis fuerzas prestarle atención, pero sus palabras “compromiso”, “respeto”, “lucha contra la exclusión” me mareaban y perdían significado y sonaban a hueco.

Todavía no sé bien quién de las dos partes tenía razón – siempre hay dos versiones de una historia –. Lo que está claro es que en algún momento, mucho antes de la declaración de la Consejera, se rompió la comunicación y el entendimiento entre las dos partes. Resultado: ese grupo de personas quedó in-comunicado y tuvo que encontrar otro espacio y otras formas para canalizar sus opiniones e inquietudes.

Y aunque yo formaba parte de los organizadores del encuentro, me alegré de que estuviesen allí, de que nos hiciesen sentir incómodos y de que en cierto modo se visibilizase la voz y la opinión de las persona que luchan por su causa. No obstante, no me sentí orgullosa: nuevamente vi como triunfaba la comunicación violenta…

A.C.M