Un nuevo post de una de mis más queridas estrellas invitadas…

El otro día participé en una jornada sobre inclusión social en Galicia. A este encuentro asistieron algunas personas que forman parte de los equipos de inclusión sociolaboral de la Xunta de Galicia. Nada más llegar ya se respiraba conflicto entre estos trabajadores y el gobierno autonómico, que también participaba en esta jornada, ya que –al parecer – la Consejera de Trabajo y Bienestar Social los calificó hace unas semanas de “enchufados”.
El acto inaugural transcurría con toda normalidad hasta que le tocó a la Secretaría Xeral de la Consejería. Mientas que intervenían, los trabajadores se levantaron (sin mucho ruido y de forma muy respetuosa) y mostraron sus pancartas de protesta para comunicar su desacuerdo con la situación.
Mientras, incómoda e impasible, la Secretaría Xeral continuaba con su discurso tan bien construido, tan preparado, tan impersonal… Yo intentaba con todas mis fuerzas prestarle atención, pero sus palabras “compromiso”, “respeto”, “lucha contra la exclusión” me mareaban y perdían significado y sonaban a hueco.
Todavía no sé bien quién de las dos partes tenía razón – siempre hay dos versiones de una historia –. Lo que está claro es que en algún momento, mucho antes de la declaración de la Consejera, se rompió la comunicación y el entendimiento entre las dos partes. Resultado: ese grupo de personas quedó in-comunicado y tuvo que encontrar otro espacio y otras formas para canalizar sus opiniones e inquietudes.
Y aunque yo formaba parte de los organizadores del encuentro, me alegré de que estuviesen allí, de que nos hiciesen sentir incómodos y de que en cierto modo se visibilizase la voz y la opinión de las persona que luchan por su causa. No obstante, no me sentí orgullosa: nuevamente vi como triunfaba la comunicación violenta…
A.C.M