Conversación de sobremesa de ayer
La cosa comenzó hablando de la propuesta del Gobierno de retrasar en dos años la edad de jubilación. Terminó en una alabanza a la política de Berlusconi con los inmigrantes. La argumentación, más o menos, siguió el siguiente hilo:
Es una gilipollez monumental que Zapatero proponga pasar la edad de jubilación a los 67 años. Y más ahora que hay 4.300.000 parados en nuestro país. Sobre todo teniendo en cuenta que los parásitos de los funcionarios no dan palo al agua y se jubilan cuando aún son jóvenes con unas pagas estupendas. Todavía estoy esperando a que hagan una política efectiva y que se preocupe realmente por los españoles, que hay un montón de familias que lo están pasando fatal y no llegan a fin de mes. Sí, y mientras hay inmigrantes como los que vienen de Transilvania y por ahí que se dedican a mendigar en España durante seis meses y el resto del año a vivir en mansiones en su país. Claro, pero si dices eso eres un facha. Con los inmigrantes teníamos que hacer como Berlusconi, que los está echando a todos…
Fue una conversación distendida. Todos los de la mesa estábamos de acuerdo en el tema de fondo, que estamos fatal, que tenemos miedo a cómo será el futuro para nosotros y nuestras familias. Pero, una vez más, me aluciné de lo claro que lo tiene la gente, de lo sencillo que les parece a los demás arreglar los problemas de España y de que soy rara: mientras hablaban pensaba “los inmigrantes están peor que nosotros, son los primeros que han perdido sus trabajos, no tienen familia aquí que les apoye y volver a su país muchas veces es incluso peor”.
Lo que está claro es que en esto de la política, como en todo, cada uno se “queda” con lo quiere. Por cierto, sentí un miedo incierto…


